Opinión| La absurda lucha de Poyet

Pasan los días y cada vez es más hondo el socavón que el entrenador del Betis, Gustavo Poyet, está cavando para sí mismo. Como cualquier entrenador que se siente en cualquier banquillo del mundo, Poyet jamás va a salir airoso de una lucha contra la afición que, en todo caso y bajo toda circunstancia, siempre es soberana.

El aficionado bético, a lo largo de los años, se ha caracterizado por ser un hincha fiel a su equipo, un seguidor que jornada tras jornada acude al Villamarín olvidando la anterior y dejándose la garganta por el equipo de sus amores. Por todo ello, y por haber aguantado durante la última década una penosa situación deportiva, el bético tiene derecho a silbar, gritar y, por supuesto, a exigir la cabeza de un Poyet que cada día le tiene más enfadado.

Ayer, una vez más, el Betis de Poyet volvió a dar, esta vez ante los suyos, una imagen lamentable y desastrosa. Un equipo sin alma, sin orden y sin un claro patrón de juego, no supo buscarle las cosquillas a un RCD Espanyol que, en la mayoría de los compases del partido, se arrastraba por el terreno de juego.

Poyet lleva razón cuando dice que cada vez se está haciendo más complicado jugar de local. También cuando dice que otros entrenadores fueron silbados en temporadas anteriores y en su misma situación, pero lo que nunca jamás debe cuestionar el uruguayo es la razón del bético y su soberanía. Por ver lo que vio, lo que hace años ve, y por ser quien, con el sudor de su frente, paga su salario, el aficionado tenía ayer, una vez más, el derecho a pitar al entrenador.

Enfrentarse a la prensa, a los árbitros y a los aficionados, son situaciones que desde un primer momento debió evitar el técnico bético. Sin embargo, conferencia tras conferencia, Gustavo Poyet se ha ido desgastando en una contienda absurda de la que, esté o no en lo cierto, jamás va a salir victorioso. Por todo esto, el preparador debe centrarse en corregir el sin fin de errores que su equipo cometió ayer y dejarse de buscar culpables. Culpable no es más que él, o quizás el que lo puso en el banquillo, aunque eso ya es otro tema.

Foto: vía manquepierda.com

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