OPINIÓN| Duele darle la razón a Poyet

Alejandro González/ noviembre 7, 2016/ En portada, Opinión/ 0 comments

El bético es así. Muy del Betis. Y jamás va a tolerar que nadie de fuera venga a darle lecciones de futbol, que no del Betis. Porque si de algo sabe el bético es del Betis, pero nada de nada de futbol. Y eso es lo que pasa, que una afición ombliguista está acostumbrada a que el que venga de fuera le regale los oidos con eso del manquepierda, de la mejor afición del mundo, de cuando saltan al campo y escuchan el himno, y en cuanto viene uno que lo único que quiere es trabajar y trabajar y trabajar y empezar a hacer las cosas bien, se le critica porque jamás de su boca salió un “musho beti”.

image_content_17961583_20160511174438Y así nos va. El Benito Villamarín se ha convertido en una mafia de esas de “o conmigo o sin mí”. O me dices lo que quiero oir o ya estás saliendo con pies por delantes de este estadio. Y ante esa tesitura, es muy dificil abstraerse para directivos, entrenadores y jugadores. Primero porque el que llena el estadio casa fin de semana también es el que llena las arcas del club. y un club de futbol profesional como el Betis necesita para sobrevivir que haya muchos abonados y muchas entradas vendidas. Pero el bético ha caido en el error de pensar y convencerse de que “el que paga manda”. Derecho a pataleta lo llaman algunos, pero ese derecho, que todo el que viva en este mundo tiene cuando le de la real gana, no le da razón al pataleo. Si por cada pataleta que de el Villamarín, el club debe actuar acorde a lo que piden cuatro o veinte o dos mil… apaga y vámonos. Y no lo digo yo, lo dicen las estadísticas en manos de cualquiera, incluso de los que llenan las redes con estadísticas de todo tipo pero esconden la que no interesa para su discurso salvador. 12 victorias en casa en los últimos 3 años en Primera, donde puedo comprar que la planificación deportiva dejó mucho que desear, donde pasaron y pasaron entrenadores y ninguno dio con la tecla, pero donde la afición tiene gran parte de culpa. Le pese a quíen le pese, y quién no lo comprenda que beba agua.

Algo pasa. Y nada pasa por casualidad. El beticismo haría bien en mirarse el ombligo, pero no para ve sus virtudes, que son muchas, si no también sus defectos. Sentido común se llama, el de dejar trabajar a los profesionales de un club de futbol, de una empresa. Curioso cuanto menos que los que más lecciones de futbol o de gestión empresarial dan cada día, lo más cerca que han estado de hacerlo realmente es jugando en el sillón de su casa al Fifa. Y desde fuera se ve todo muy sencillo. Cierto es que el ADN del Betis lleva siendo el mismo desde el primer día de vida, que aquí las cosas no se cambian de un día para otro, ni de una temporada para otra, pero que en los últimos años se han tirado por la ventana proyectos futbolísticos en busca de la tranquilidad de un mar que lleva ya demasiado tiempo bravío a los diez partidos es una realidad. La paciencia hace mucho tiempo que no se pasa por Heliópolis, y los Mel, Merino, Velázquez, Maciá y compañía han ido pasando por delante del paredón sin nisiquiera darle tiempo a guardar “Avda de la Palmera s/n” en el GPS del coche.

Al final, mira tu por donde, Gustavo Poyet va a tener razón. Y como os duele tener que dársela. Quizás por eso la gente esté tan susceptible.

 

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