OPINIÓN | El mundo al revés

Francisco Ortega/ noviembre 11, 2016/ En portada, Opinión/ 0 comments

En un mundo loco en que Trump gana las elecciones en EEUU, Rajoy en España, se vota a favor del Brexit en Reino Unido llegaría un momento en que no debería extrañarme nada. Debería pasar al menos, pero sigo mirando incrédulo a cómo según qué cosas pasan, se repiten y seguimos sin aprender. Antes de seguir leyendo, su su deseo es pagar los platos rotos del club conmigo o algo relacionado, le invito a que pare de leer, pero no busque defensas a quien no hay ni ataques a quien no hay pues en los únicos que voy a poner en dedo son…en los que son.

El fútbol es el mundo al revés. Ya lo vimos hace tiempo aquí por Heliópolis, de hecho llevamos viendo pequeñas muestras de ello en mayor o menor medida todas las temporadas. Son los empleados los que mandan y los que supuestamente mandamos estamos a su servicio para lo que sea.

“El aficionado paga, el aficionado manda” dice una de las máximas del deporte rey y no puede tener más razón. El problema viene cuando el aficionado sobreprotege a según qué jugadores, que se enrocan en su posición privilegiada para hacer fuerza y hacer valer su voluntad sobre quien está por encima de él. Esto pasa, y si pasó con casos de jugadores que no tenían apenas un cuarto de fuerza, no te quiero no contar con pesos pesados. Al clan catalán lo recordamos todos y cómo provocaron ellos solitos la situación deportiva que todos los béticos, tristemente, recordamos como el año de los 25 puntos.

No entiendo por qué siempre a la hora de sacar una lista de responsabilidades, los últimos en aparecer sean los principales actores del juego, es decir, los jugadores. No me entra en la cabeza ver cambios repentinos en apenas unos días. De un equipo al que le pasa por encima de una, por aquel entonces, pobrísima U.D. Las Palmas a un equipo que con los mismos efectivos compite, saca un punto y hace que pida la hora el que a final de temporada sería Campeón de Champions. Más si cabe, cuando el sustituto fue un entrenador que venía de defenestrar al filial. No soy sospechoso ni mucho menos de defender a Mel, pero ese cambio repentino deja muchas cosas en el aire, y nadie se para a preguntarselas. Eso si, yo digo una cosa, a hacer Camas, se va uno a un Hotel de Mallorca.

Es evidente que a Gustavo Poyet el Real Betis en general le ha venido grande, y por mucho que algunos hayamos querido esperar más o menos, la situación es clara y no es vuelta de hoja. Ahora, es evidente que al equipo se le veía otra cosa a principio de temprada, otro leit motiv que de repente, se diluyó y desapareció.

Pero lo que no me parece bien es que en la era de la exigencia y, puestos a exigir a todos, hoy todos los focos estén centrados en todas las figuras. En casi todas, más bien, porque los futbolistas de nuevo están ajenos a toda culpa. No me gustaría que por arte de magia a partir del viernes el equipo empezase a funcionar (porque veo que hay mimbres para ello) porque sería ver de nuevo una maniobra que lejos de entusiasmarme me preocuparía. Me preocuparía que un representante visitase el despacho de mi Presidente obligándolo a cesar al mister bajo la amenaza de que se lleva a sus representados. Me preocuparía esa situación porque mostraría, primero de todo, que el Presidente no preside, y segundo que hay futbolistas por delante del Betis y por ahí si que no. El Bético tiene que entender que igual que cualquier trabajador se gana su sueldo día a día, sin importar que lleve 5, 10 o 20 años de constancia, el futbolista no deja de ser otro trabajador, y tanto su sueldo como su titularidad se la juegan durante la semana y, si no está para jugar no tiene que arder Troya por que no lo haga. Lo problemático de estos asuntos viene cuando el jugador comprueba en este tipo de “pulsitos” que los que ganan son ellos porque la opinión pública arde contra el mister por no sacarlo. Son uno de los trabajadores más privilegiados de este mundo, así que dudo que le hagamos un favor dándoles más privilegios de los que tienen, como por ejemplo, el de poder disponer. Un futbolista está para hacer lo que el Mister le pida, que para eso es su jefe. Y entiendan que hablo sin poner nombres porque hablo en general, y mi defensa es a la institución y no a ningún nombre en concreto. Debemos de parar según qué comportamientos que lejos de favorecer, son contraproducentes.

Como diría el polémico y siempre cuestionado Donald Trump, Make Real Betis Great Again. Recuperemos la cordura, dejemos de hacer que el mundo del fútbol, al menos en el Betis, sea el mundo al revés.

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