Opinión| Vamos a “echarla abajo”

El periplo de Víctor Sánchez del Amo en el Real Betis Balompié no podía empezar con mejor pie. El Betis del técnico madrileño fue capaz de realizar el pasado viernes en el Benito Villamarín un partido muy completo en todas las facetas, anulando a una UD Las Palmas que se sitúa como uno de los equipos revelación de la temporada. Los de Setién se han caracterizado por ser un conjunto que quiere la pelota y que es capaz de dominar los partidos con buen juego y posesión del balón. Frente a esto, los “lobos” de del Amo fueron capaces de cortocircuitar el medio campo canario, dejando fuera de la partida a Roque Mesa y Tana, principales piezas del combinado isleño.

Gol de Bruno frente a la UD Las Palmas vía Mundo Deportivo
Gol de Bruno frente a la UD Las Palmas vía Mundo Deportivo

Sin embargo, si por algo se ha caracterizado el Betis a lo largo de su historia, es por ser un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. En el ADN del bético, está el Manquepierda, el ilusionarse cuando las cosas resultan mínimamente favorables.  La idiosincrasia del bético le lleva a entusiasmarse con dos pases o con un bonito regate de cualquier jugador. Con una presión alta o incluso con un disparo a la madera. La afición verdiblanca se caracteriza por ser una hinchada que lo da todo, que con cualquier acción individual es capaz de enchufarse en el partido como si la Holanda de la “Naranja Mecánica” estuviera presente. Después del partido del viernes, el beticismo tiene derecho a esperanzarse, a estar contento con su equipo y a mirar al futuro con cierto optimismo, pero a la vez, también debe “echarla abajo”, calmarse y no levantar los pies del suelo. Cuántas han sido las veces en las que una mala racha de resultados ha venido precedida de un partido en que el Betis juega de maravilla, causa el asombro en la grada y hace que el Villamarín entone los olés. El apoyo y el aliento incondicional del bético a sus jugadores están fuera de toda duda, pero a veces, también lo está su credulidad y su precoz ilusión.

No cabe duda de que el Real Betis de Víctor Sánchez del Amo ha empezado de la mejor manera posible. La victoria y la manera como se consiguió invitan al optimismo. El equipo ha conquistado a la afición con buen juego, presión alta, entrega, esfuerzo y coraje. Pero ello no puede provocar que los arboles le impidan ver el cielo al bético. El Real Betis, por entidad, por historia y por afición, debe salir cada partido como lo hizo el viernes frente a Las Palmas y el bético debe exigir eso.  Quizás el beticismo este habituado a una mediocridad que le lleva a ilusionarse con un partido bueno de los suyos, a caer rapidamente en la euforia, pero desde la continua entrega y apoyo a su equipo, este debe seguir exigiendo partidos como el del viernes.

Este fin de semana, esta vez lejos del Villamarín y sin la presencia de los suyos, los pupilos de Víctor Sánchez tienen la oportunidad frente al EIbar en Ipurúa, de demostrar que lo del viernes no fue un mero espejismo, de evitar que los lobos se conviertan en corderos. Las buenas sensaciones del partido frente a la UD Las Palmas deben traducirse en continuidad y estabilidad. Mimbres hay para ello. Desde la distancia, cientos de miles de béticos estarán apoyando a su equipo y lo seguirán haciendo partido tras partido de forma incondicional. Es hora de que el beticismo se ilusione con fundamento. El aficionado lo desea más que nunca. Pero por ahora, hay que “echarla abajo”

Imagen de portada vía ABC

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