This is Betis, Anfield

Hoy se cumplen 16 años del día en que el Real Betis tomó Anfield en Liga de Campeones. El día que demostró a Europa que el Betis y su afición eran dignas de la máxima competición.

Quedaban apenas dos minutos para las 20:45 de aquel 23 de noviembre de 2005. Un melodía comenzó a sonar por la megafonía del estadio de Anfield. Los niños voluntarios de la UEFA comenzaron a desfilar por el tunel de acceso al cesped con la lona el balón de la Champions enrrollado y portado entre todos. En la grada, la afición del Liverpool, centenaria, padres, hijos, niños. Todos juntos se preparaban para ese momento, para esa tradición de cada partido en su templo. Pero ese día iba a ser diferente, ese día había un invitado de lujo. Iba a ser un momento mágico. La canción comienza.

When you walk through a storm, hold your head up high
And don’t be afraid of the dark

Los aficionados del Liverpool comienzan a cantar su canción bufandas al aire, los béticos tardan en entrar en aquella pompa futbolística, pero lo hacen. Algunos lo sabían desde antes, habían soñado con aquel momento desde que la bolita del sorteo había colocado al Betis en aquel grupo de la muerte, y allí estaban. Después de horas de colas por unas entradas, de insomnio por un avión que los dejaba en el aeropuerto de Liverpool por la mañana, de pasear los colores verde y blanco por las calles de la ciudad.

At the end of the storm, there’s a golden sky
And the sweet, silver song of a lark

Poco a poco, el centenar de béticos que estaba en el estadio comprendió aquello que estaban viviendo. Las bufandas del Betis comenzaron a tomar el cielo de Liverpool. Los ojos desorbitados, las bocas abiertas, los pelos de punta. Los corazones a mil. Aquello era el futbol, y que bonito era vivirlo.

Walk on through the wind
Walk on through the rain
Though your dreams be tossed and blown

El balón de la Champions ya ondeba sobre el círculo central del viejo Anfield. El himno adquirido llegaba a su momento culmen, las voces de los ingleses que llenaron el estadio hasta la bandera resonaba con más fuerza. Los béticos seguían observando aquella maravilla. Con respeto, con admiración.

Walk on, walk on
With hope in your hearts
And you’ll never walk alone
You’ll never walk alone

Podrías no haber visto un partido del Liverpool, quizás jamás ninguno de la Premier porque nunca te interesó esa Liga. Tampoco la Champions pues solo echaban por la tele al Barça o el Madrid, pero conocias esa frase. Conocias esas cuatro palabras que aquel pequeño, coqueto inglés estadio coreaba al unísono. Los béticos, dentro de lo que le permitía su inglés se animaban a cantar esa última frase de la canción que, aunque a miles de kilómetros de la orilla del Guadalquivir, tanto representaba a la afición que moraba en el Villamarín. Nunca caminarás solo, Betis.

Walk on, walk on
With hope in your hearts
And you’ll never walk alone
You’ll never walk alone

En el momento en el que la última nota de la última letra de la última palabra salió por la garganta del último aficionado del Liverpool que cantaba, la afición del Betis rompió en un estruendoso aplauso. Aplauso de reconocimiento, de respeto y de disfrute. También de agradecimiento por brindar aquel momento a una afición que recorría europa cenando en la mesa de los grandes por primera vez. Nadie con una camiseta del Betis sabía como expresarle aquello a los ingleses más cercanos a la grada visitante de Anfield, solo con un gesto de ok con las manos. Lo que fue agradecido por los reds, que se unieron al aplauso mirando a la afición bética y devolviendo sonrisas y gestos de admiración.

Pero una vez terminado aquel momento mágico, todo fue como si se explotara una burbuja y la gente saliera de aquel sopor en el que había sido introducido por la leve y armoniosa melodía del You’ll never walk alone y la gente del Betis, dándose cuenta de que ellos también tenían que sacar sus cartas, agarraron sus bufandas, prepararon sus gargantas y antes de sentarse entonaron otro himno, de otro color y otra estirpe. Más sencillo, más mundano y simple. Con menos retórica y metáforas que aquella canción inglesa que acaban de escuchar. Solo dos palabras. Dos palabras que abarcaban un mundo en ellas. Dos palabras que conformaban un himno que lejos de arengar, llegar al alma o levantar epidermis, salía del mismo corazón de aquel centenar de locos de la cabeza.

Musho Beti, musho Beti eh¡ eh¡

Musho Beti, musho Betis eh¡ eh¡

n_betis_los_partidos-4195Aquellas humildes voces resonaron por todo Anfield, por todo Liverpool, por toda Europa. El Betis se plantaba allí después de ganar al Chelsea en la pasada jornada de la Champions y una nueva victoria los colocaría con 9 puntos, uno menos que los ingleses que debería jugar entre ellos en la última jornada mientras el Betis recibiría en casa al Anderlecht belga. Aquellos béticos habían poblado Anfield para dar guerra, para demostrarle a los grandes que allá abajo, por el sur de Europa se vivía el futbol de igual o mejor manera. Que de aficiones leales sabemos mucho por aquí abajo. Y Anfield se dio cuenta de aquello. Las cámaras de televisión enfocaban a los béticos de la zona visitante, pero también a los béticos repartidos por el resto de la grada: Españoles que compraron su entrada donde pudieron, béticos que por estudios o trabajo vivían allí o ingleses enamorados del Betis, que los hay y muchos. Los jugadores bajaban por las míticas escaleras del estadio, los jugadores del Betis pasaban por debajo del cartel que rezaba “This is Anfield”, pero no se escuchaba nada que pareciera estar en tierras inglesas, aquello sonaba a Heliópolis. Aquello era el Betis, Anfield.

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