Tonny Sanabria ante las dudas de su fichaje

Miguel Cristino/ noviembre 24, 2016/ En portada, Primer equipo/ 0 comments

Corría el ecuador del pasado mes de julio cuando el Real Betis se hacía con los servicios del joven delantero paraguayo. La noticia de su fichaje estuvo cargada de ilusión. Y de hecho, no eran pocas las razones que así lo testificaban.

La primera, porque el cuadro verdiblanco hacía el mayor desembolso económico desde 2009, cuando el por entonces máximo accionista, Manuel Ruiz de Lopera, acordaba con el Real Zaragoza el traspaso de un viejo conocido para la afición y que tantas tardes de gloria había brindado en Heliópolis en su primera etapa defendiendo la camiseta del Betis, siendo además clave para la consecución de la Copa de Su Majestad el Rey en aquel inolvidable 2005. Su nombre, de sobra conocido por todos, era Ricardo Oliveira, y recuperarle costó casi 9 millones de euros. Lamentablemente, su aportación al equipo no bastó para que se eludiera el descenso a la Segunda División y el carioca acabó marchándose al Al-Jazeera de los Emiratos Árabes una vez finalizado el curso.

La segunda, por la falta de gol que venía arrastrando el Betis desde la temporada pasada. Pese a acabar el año como décimo clasificado, muy por encima del objetivo marcado en verano de 2015, si nos atuviésemos a los goles marcados por los veinte equipos que componen la máxima categoría del fútbol español, los heliopolitanos habrían finalizado en la última posición. 34 goles en 38 partidos de los que diecinueve fueron de Rubén Castro. La nota curiosa la puso Germán Pezzella, quien desempeñándose en el eje de la zaga finalizó el año como segundo máximo goleador, alcanzando las tres dianas. Curiosa a la vez que preocupante, sobre todo si se tiene en cuenta que, delantero canario aparte, los atacantes béticos hicieron un total de dos goles. Uno de Jorge Molina frente al Celta y otro de Ricky Van Wolfswinkel ante Las Palmas. Leandro Damião, por su parte, levantó muchas expectativas con su llegada en el mercado invernal, pero acabaría el curso sin ver puerta. Por tanto, el fichaje de un delantero goleador para la 2016/2017 se hacía más que imprescindible.

Y la tercera, y quizás la más importante, por todo aquello que giraba en torno a la figura de Tonny Sanabria. Un veinteañero que había llamado la atención de algunos de los grandes de Europa, pues cabe recordar que a su corta edad ya ha militado en la Roma, así como en el filial del Barcelona. Además, recibió la llamada del seleccionador absoluto con tan solo 17 años, hasta el punto de ser convocado para la Copa América Centenario disputada en Estados Unidos en el último mes de junio. Por otra parte, había finalizado la temporada anterior con la nada despreciable suma de 11 goles en 29 partidos en un Sporting de Gijón que acabó salvándose del descenso en la última jornada de competición, y que, a buen seguro, le debe mucho al delantero paraguayo en la consecución de la permanencia.

Sin embargo, la realidad a día de hoy es muy distinta. Un tercio de competición liguera desde que echara a rodar el balón en aquel encuentro frente al Barcelona en el Camp Nou y Tonny Sanabria no da síntoma alguno de asemejarse al que brilló en El Molinón el pasado año. Bien es cierto que las lesiones no le han ayudado, pues le han tenido apartado de los terrenos de juego casi dos meses, pero hasta la fecha no parece cumplir con las expectativas que los 7’5 millones de euros pagados por su adquisición generaron. Seis encuentros disputados, de los cuales cinco como titular y cuatro de forma completa, estos últimos todos con su principal valedor, Gustavo Poyet; y uno como suplente, ya con Víctor Sánchez del Amo en el banquillo, en el duelo del pasado viernes contra la Unión Deportiva Las Palmas. Un tiempo escaso para valorarle como futbolista, pero no tanto para haber convertido su primera diana vestido con la camiseta de las históricas trece barras, a la que tanto él como el beticismo esperan con ganas.

Quizás sea más una cuestión de adaptación y que se subsane con el transcurso de los partidos, una vez entre más en contacto con sus nuevos compañeros. El paraguayo tiene ahora una oportunidad de oro con el cambio de dinámica gestado tras la llegada de Víctor Sánchez del Amo para disipar las dudas que hayan podido surgir sobre su fichaje, el cual le va a tener atado al Betis hasta 2021. Tiempo tiene de sobra, en el futuro cercano que supone lo que resta de temporada, para revertir la situación y, por qué no, hacerse con la titularidad acompañando a Rubén Castro en la punta del ataque. Toca esperar a mañana para ver si es en Ipurúa, y ante la Sociedad Deportiva Eibar, donde por fin Sanabria marque ese primer gol como verdiblanco que tanto necesita.

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