OPINIÓN| Estábamos en la UVI

Alejandro González/ diciembre 27, 2016/ En portada, Primer equipo/ 0 comments

Se puede decir más alto, pero no más claro. Estábamos en la UVI. Y no hace 20 años, que fue cuando “Don Manué” pronunció aquella frase cuyo eco todavía llega hasta nuestros días. Si no ahora, hace unos meses, todavía…

El Betis parece empeñado en no salir del hospital nunca. Se ha acomodado, allí tiene cama, calefacción, tele y comida diaria. Salir a la calle es el riesgo al que pocos se aventuran. Pero nunca olvidemos que el lugar del Betis no es un hospital, ni siquiera un ambulatorio. El lugar del Betis es codearse con los grandes de La Liga, e incluso de Europa. Por presupuesto, masa social, clasificación histórica y cariño de todos. Y aunque parezca mentira, una utopía o un engañabobos, es la realidad de un club centenario en la mejor Liga del mundo.

Por suerte, y poco a poco, al verbo “estar” podemos conjugarlo en pasado. Hace algo más de un año, el Real Betis vivió el momento más importante de su reciente historia. No fue un título, ni un ascenso, ni una clasificación europea ni una victoria en un derbi. Fue la primera piedra de la salvación, fue casi una resurreción, porque aunque cueste creerlo, el Real Betis Balompié estuvo muy cerca de desaparecer. Si no, preguntadle a nuestros vecinos de Badajoz, Jerez, Salamanca, Logroño o El Ejido y que os digan que se siente al perder al equipo al que llevas animando toda la vida. Somos unos afortunados, no lo olvidemos.

Como digo, hace cosa de un año, los béticos le dimos la patada a la vieja calaña que asolaba nuestro Benito Villamarín como una bandada de buitres, esperando la muerte de alguien para saciar su sangre de sed y vísceras. Apoyados por una prensa canalla que ahora se la da de solidaria sacando libros con beneficios para los conventos de la ciudad, intentando lavar su imagen y no salir del estadio con pitidos en las orejas. Olvidando la historia, rompiendo relaciones con los que un día levantaron las gradas a base de goles y carreras por la banda, olvidándose de los béticos, desprestigiando al Betis, manchando su buen nombre y su imagen. Y todo con la única intención de beneficios empresariales y personales, lo que viene siendo, aprovecharse de la ilusión de una masa social de cerca de un millón de personas.

Por suerte, esa calaña tuvo los días contados y como un caudillo que no encuentra sucesor, tuvo que dar un paso al lado para no morir subido en el trono. Pero como en toda transición, los que aclamaron la muerte del dictador se agolpaban contra lo que no sabían donde esconderse. Algunos se camuflaron entre el gentío como camaleones o viles cucarachas, pasando desapercibido para volver a salir en el momento justo. Con un micrófono en la mano y en la otra aguantando un cirial, vestidos de traje y corbata cuales ratas que abandonan el barco justo antes de hundirse, ese barco que ahora quieren volver a coger el timón.

Entre los que aclamaban la caida del dictador, surgieron diferentes voces. Algunas llenas de malas intenciones, camufladas detrás de asociaciones o peñas, pero como suele pasar en todos los casos, los buenos de la película son los que menos ruido hacen. Dos hombres, empresarios, curtidos en llevar la imagen y la economía de su propia casa y negocio. A base de comprar acciones de su propio bolsillo, sin abrir bancos por la tarde ni demás cuentos chinos. Yendo de casa en casa, de bético en bético, luchando para que los buitres no volvieran a anidar en el gallinero del Villamarín. Recaudando cada acción olvidada en un cajón o enmarcada sobre la chimenea de cualquier hogar donde un bético se reconcomía por dentro por la situación de su Betis. Esos dos, salvadores, casi mesias, nos salvaron. La unión hizo la fuerza y poco a poco, con paciencia y con sudores van sacando al Real Betis del pozo en el que estaba. Ha logrado que el club esté entre los que más secciones tiene (Sala, femenino, baloncesto…) y aunque aún con asignaturas pendientes, como en todos los clubes del mundo, la mejoría es latente, el paciente respira, da síntomas de recuperación y responde a ciertos estímulos. Comiéndole además la tostada al dictador, que prometió el proyecto faraónico del nuevo estadio, que se ha llevado parado decadas siendo el hazmereir de la otra orilla y de parte del territorio nacional. Ese nuevo gol sur se está construyendo y avanza a pasos agigantados y la remodelación del estadio al completo es un hecho que comenzará al finalizar la temporada.

El nuevo Betis ya está aquí, solo es cuestión de dejarlo andar. Porque estábamos en la UVI y nadie daba un duro por nosotros…

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