2016: Sin entrenador no hay proyecto

El año 2016 ha sido bastante alocado para el Real Betis Balompié. Por las filas verdiblancas han pasado infinidad de jugadores, además de dos presidentes y dos directores deportivos. Pero lo más chocante quizá haya sido el número de entrenadores, en total, cuatro. Porque el entrenador es la base de un proyecto deportivo, y sin esa estabilidad, ¿qué proyecto es posible? Esta misma entrada la puedes leer en otrolocomasdelacabeza.blogspot.com. Fuente de la foto principal: estadiodeportivo.com

El Real Betis estrenaba el 2016 en casa ante un rival asequible, el Eibar. Por aquel entonces, el entrenador era Pepe Mel, quien se encontraba en su segunda etapa como técnico en el equipo verdiblanco. No pasaba por su mejor momento, siendo criticado por su falta de solidez física, algo que se estaba notando en los resultados: llevaba un mes sin conseguir una victoria.

Y Pepe Mel, el hombre de casa, el que se fue llorando la primera vez que lo echaron, quien nos llevó a Europa y nos devolvió dos veces a Primera División, decidió irse por la puerta de atrás. Pero la que había al fondo. Muy al fondo. 0-4 ante el Eibar, 0-2 en Copa frente al Sevilla, y 1-0 contra el Getafe. Así terminó la etapa de Pepe Mel.

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La decepción hecha foto. Fuente: marca.com

Volvió Juan Merino a coger las riendas del equipo. La temporada pasada funcionó bien en Segunda División, consiguiendo cuatro victorias de cuatro posibles en Liga. Pero el mal momento por el que pasaba el Betis B no era un buen presagio. Por ello, el por aquel entonces director deportivo, Eduardo Maciá, intentó traer a Juande Ramos. El proyecto no convenció al manchego y Merino tomó las riendas del equipo para toda la segunda vuelta.

El equipo mejoró, tanto en físico, como en juego y, quizá lo más importante, en confianza. No fue fácil si empiezas perdiendo 4-0 frente a tu eterno rival y quedando eliminado en Copa, pero empatar ante Villarreal y Real Madrid o ganar al Valencia despejaron las dudas sobre este entrenador. Tenía coraje, ganas de levantar este equipo. Juan Merino quería ser la base del proyecto a edificar.

Todo se vino abajo. A mediados de marzo, el Betis perdió 3-1 frente al Athletic Club, un partido en el que Merino parecía haber asumido el rol de ser un equipo inferior a los leones. Tras ello, derrota ante Málaga y vergüenza ante el Atlético de Madrid. Merino cuestionado, Maciá igual, Haro y Catalán tampoco convencían. Y así, resignados a un proyecto conformista otro año más, se decidió por volver a empezar de cero.

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Un hombre de casa… sin casa. Fuente: futbol.as.com

Así llegó Miguel Torrecilla, el antiguo director deportivo del Celta, que había dejado a los gallegos en puestos europeos. Y a Juan Merino, un hombre de casa, que nunca puso una pega, se le ofreció un puesto en el equipo… pero no de entrenador. Él lo rechazó prefiriendo estar en “la guerra de los banquillos”. Torrecilla, consciente de que el entrenador es lo primero, firmó a primeros de junio a Gustavo Poyet, un técnico uruguayo con experiencia en equipos de media tabla en la Premier… y poco más.

A pesar de que en pretemporada parecía que el equipo podía carburar, los peores presagios se confirmaron. Lo único positivo fue la llegada de Marcos Álvarez, preparador físico, quien puso a los jugadores en forma como para aguantar los 90 minutos si hiciera falta. Esto, con Pepe Mel, era impensable.

Derrota tras derrota, vergüenza tras vergüenza, Poyet demostró no tener ninguna idea clara de juego. Cerrado en su 4-3-3, no se daba cuenta de que no era un sistema que beneficiara al equipo. Con Rubén Castro en banda y sin libertad para Piccini o Durmisi, el equipo se venía abajo fácilmente. Y nuestro mejor organizador en el centro del campo, Dani Ceballos, pasó al ostracismo sin razón alguna.

Un uruguayo sin estilo. Fuente: sevilla.eldesmarque.com
Un uruguayo sin estilo. Fuente: sevilla.eldesmarque.com

Ángel Haro y Miguel Torrecilla reconocieron su error y, tras la derrota frente al Villarreal por 2-0, aprovecharon el parón por selecciones para, a comienzos de noviembre, destituir a Gustavo Poyet y traer a Víctor Sánchez del Amo. Este entrenador, con experiencia en Primera con el Deportivo de la Coruña, ya conocía bien la Liga, y además, parecía más preparado que muchos otros nombres que se habían barajado.

Víctor trajo un nuevo sistema al equipo, el 5-3-2. A pesar de ser una formación defensiva, y más si en el medio juegan Donk y Petros, el equipo sabe presionar, mover el balón, y llegar a portería. La carencia defensiva, sin embargo, aún sigue siendo un problema. Porque la solución no es la cantidad, sino la calidad.

La esperanza reside en él. Fuente: marca.com
La esperanza reside en él. Fuente: marca.com

Así, el Real Betis terminó el año como lo empezó: con muchas dudas y siendo eliminado bochornosamente de Copa. Quizá Víctor sea la base del proyecto que este 2016 no se ha consolidado, pero todavía falta mucho por mejorar. Esto es el Real Betis Balompié. La exigencia debe ser máxima, y el equipo también.

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