OPINIÓN| Adiós a un capitán, adiós a un señor

Quiero aprovechar estas líneas para despedir y rendirle homenaje a uno de los futbolistas más honrados que ha vestido la camiseta verdiblanca desde que tengo memoria, y muchos la han vestido. Llegó en una época dificil, con el Betis regresando a Segunda División después de una temporada que merece cualquier calificativo negativo y su fichaje fue de los más sonados de aquel verano, pues dejaba atrás al club que le había dado prácticamente todo y con el que grandes tardes había hecho disfrutar a la buena afición de Pamplona, para volver a Sevilla.

Dejó el frió del norte para volver a sudar bajo el sol de sur, más cerca de su Puente Genil natal y viviendo por primera vez el viento a favor de un Benito Villamarín que había visitado desde la trinchera contraria. Antes había jugado al fútbol, ahora venía a disfrutarlo.

Aunque el Álvaro Cejudo que deslumbraba con Osasuna se quedó viviendo en la retina de todos los pamplonicas, aquí en Sevilla vimos a un Cejudo diferente, asumiendo su rol defensivo desde los primeros partidos con Julio Velázquez, un rol que jamás criticó, ni levantó la voz para pedir estar más cerca del área. Estar en el Betis era suficiente regalo como para pedir más. Aún así, algún gol se llevó a la buchaca y siempre recordaremos aquel que le marcó al Real Madrid y que provocó tal terremoto en el cemento del Villamarín. Que regalo para un bético.

Es por eso que Don Álvaro Cejudo Carmona es un caballero de los pies a la cabeza, un señor que supo aguantar cada chaparrón de una grada que con la sorna y el hastío hacía de cada futbolista un bufón para las gracietas varias de los que se creen dueños de la verdad. Álvaro Cejudo supo aprovechar cada minuto que cada entrenador le regalaba para enfundarse las trece barras, la camiseta de su vida, de su corazón para defenderla a capa y espada lo mejor que podía. Lejos quedó su velocidad, sus centros certeros y su electricidad por banda, pero nadie se dejó el alma más que él en el campo, sabiendo de su decadencia en la exigencia de un club como el Betis, y por eso de su honradez, porque hay otros que se van sabiendo en las últimas y tienen la poca verguenza de criticar al que no cuenta con él, pero Cejudo no, Cejudo se quedó más de muchos partidos en la grada o sin llegar a viajar siquiera y en el siguiente partido que pudo jugar se dejó la mitad del escudo en los dientes y la otra en el cesped. Ojalá más como él.

Te deseo lo mejor Cejudo, porque has sido un señor hasta el último día cuando aseguraste que seguías esperando al Betis aunque bien sabías que esa llamada nunca iba a existir. Espero que puedas seguir disfrutando del futbol muchos años y que si vuelves al Benito Villamarín se te salten las lágrimas cuando la grada, tu afición, la de tus colores te aplauda y te regale ese último instante que te pueda dar el futbol.

Gracias capitán.

 

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