OPINIÓN| Y va el Betis y gana

Todo estaba predestinado para que el Real Madrid ganase al fin en el Santiago Bernabeu esta temporada. Parecía una alineación de los astros: Cristiano Ronaldo volvía tras su sanción, a Marcelo le perdonaban una cartulina amarilla, arbitraba Mateu Lahoz, Zidane admitía no conocer la plantilla “del Sevilla” y el Betis llegaba tras 19 años sin rascar en el Bernabeu. Pero hay algo que va por encima de todo eso, de cualquier predestinación, prejuicio o predisposición. Es el Betis. Cinco letras marcadas a fuego en el alma de los béticos. Cinco letras que enmarcan una fe inexorable, inexpugnable e imbatible, capaz de lo mejor y de lo peor. Y ayer tocó cara.

 EFE/Javier López

Ya era hora – dijo el presidente – de que los béticos nos lleváramos una alegría así. Solo la anterior generación a la nuestra recuerda el gol de Finidi que dio la victoria a los béticos hace 19 años. Así que ya era hora. La lleva siendo mucho tiempo, pero las cosas vienen cuando vienen. Anoche, no podemos mentir, el punto nos sabía a gloria y muchos ya se llevaban las manos a los ojos para no ver el gol local que dejara el tremendo esfuerzo de los 90 minutos muriendo en la orilla.  Pero resurgió algo nunca visto. El Nuevo Betis, éste sí, se apareció en el Santiago Bernabeu, y dio una lección magistral de como ganar y convencer en el feudo madridista. Una posesión larga, pausada pero eléctrica, con paciencia, disfrutando, mareando una perdiz de color merengue que nada pudo hacer cuando Barragán le puso la pelota a Sanabria y el paraguayo batió a Keylor Navas, desatando la locura en aquel lugar del mundo en el que un bético estuviera viendo el partido. El silencio sepulcral de un templo del futbol, solo roto por la explosión de alegría desmedida de los miles de béticos que viajaron a la capital sabiendo que una derrota era lo más probable que te podías traer de vuelta en los kilómetros en autobús hasta Sevilla. Pero anoche no fue así. Anoche tocó sumar. Anoche tocó ganar, disfrutar, celebrar y sonreir.

Porque ya era hora. Porque lo merecíamos. Estamos tan bien acostumbrados a perder, resignarnos y seguir para adelante que las alegrías las disfrutamos el doble. Ojalá nos acostumbremos a ganar, aunque perdamos los abrazos con los demás, los pitos de los coches, los niños en el cole con su camiseta del Betis sin necesidad de mirar a nadie por encima del hombro porque por encima de todo está ese escudo con esa corona que muchos se afanan en quitar y llamarnos solo “El Betis”, como si fuera despectivo. El Betis. Porque anoche fue el Betis. Como lo es el tito, el primo o el hermano. El Betis es cariñoso, el Betis es algo que pocos entienden. El Betis es el que te hace llorar de alegría y de tristeza. Porque aunque ganemos y nos colmen de laureles seguiremos siendo el Betis. El Betis nos pone los pies en el suelo y la cabeza en las nubes. El Betis nos recuerda que solo cinco letras marcan nuestro nombre. Lo de Real Betis es algo de lo que solo nos acordamos cuando jugamos contra el Real Madrid y la prensa capitalista (de capital) se olvida de que nosotros también tenemos esa condición. ¿Pero sabeis que? El Betis, asecas, está entre nosotros. Vive y convive cada día de nuestra vida y vamos a buscarlo cada domingo a nuestra cita semanal. Y no hay nada más real que eso.

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