OPINIÓN | El estilo sí es negociable

Que Quique Setién es un entrenador cuyos equipos se han ganado la fama de practicar un fútbol alegre y vistoso de cara al espectador es una realidad indiscutible. Y que eso se lo hayan atribuido con total merecimiento también lo es.

El entrenador cántabro ha dejado más que patentes su sello y sus ideales futbolísticos allá donde ha ido. Consiguió ascender al Lugo a Segunda División y hacer que, por primera vez en su historia, se asentara en la categoria de Plata. Además, sacó de los puestos de descenso a un recién promocionado Las Palmas para dejarlo en mitad de la tabla. Fue precisamente en la isla donde empezó a ganarse el crédito del que hoy día dispone y que, al mismo tiempo, le ha permitido coquetear con incluso equipos que optan a ocupar las posiciones más altas de la élite del fútbol español. Es el caso del Valencia, que se interesó en el preparador cántabro en el verano pasado hasta casi el punto de tenerlo atado. Pero el cambio en la dirección deportiva ché frustró su fichaje y finalmente el conjunto de la capital del Turia acabaría decantándose por Marcelino García Toral.

De esta forma, el Betis se lanzó a por Quique Setién. Huérfano de un estilo de fútbol bien claro y definido desde hace varias campañas, veía en el de Santander una gran opción para encontrar un patrón de juego que enamorase a la parroquia verdiblanca. También, por otra parte, para subsanar lo que lleva siendo un problema desde hace algunos años: la elección del entrenador. Y es que el cuadro verdiblanco suma cuatro temporadas consecutivas con al menos un cambio de técnico por campaña. La confianza en Quique Setién fue máxima, y así lo atestiguan los tres años que le ofrecieron para que estampase su firma en el contrato que le mantendría ese tiempo (o mantendrá) vinculado al club de las Trece Barras.

El inicio de campaña fue sensacional. Tres victorias en los tres primeros partidos como local, además de conquistar el Bernabéu instantes antes de que el colegiado decretase el pitido final. Un Betis que daba muestras de no asemejarse en nada a lo que había venido acostumbrando al espectador en los últimos cursos. La goleada ante el Levante en la sexta jornada parecía no hacer sino confirmar que las cosas habían cambiado.

Sin embargo, desde hace un mes todo recuerda más a lo que se ha venido observando en anteriores temporadas que a los primeros choques de la actual. Un equipo que desde que arrollase al cuadro granota, solo ha ganado uno de los últimos seis partidos ligueros. Una victoria, dos empates y tres derrotas es el bagaje de los heliopolitanos en el último mes y medio de competición doméstica. O lo que es lo mismo, 5 puntos de los últimos 18.

Es evidente que el Betis ha perdido la frescura que le hizo auparse al quinto puesto de la tabla. Aun así, todavía la situación no es límite, pues la buena renta del comienzo le valen a día de hoy para ser noveno. Pero el problema principal no es haber caído cuatro posiciones, que eso al fin y al cabo, en una liga medianamente igualada en esa zona de la clasificación no tiene por qué ser un hándicap cuando la diferencia con los que le preceden en la misma es aún muy recuperable.

Lo más preocupante es que lo rivales parecen haberle tomado la medida a los de Quique Setién. Incluso el Alavés, que cayó por 2-0 en el Benito Villamarín, supo cómo hacerle daño al Betis en cierta medida. Y de hecho, el resultado podría haber cambiado si el de amarillo no hubiese anulado un gol legal de Munir ni hubiese dejado de señalar una pena máxima de Mandi al propio atacante hispano-marroquí.

Además, la fragilidad defensiva que le hizo encajar siete goles en los primeros seis choques se ha incrementado sobremanera. En los otros seis más recientes, el Betis ha encajado un total de dieciocho tantos; esto es, una media de tres goles recibidos por partido. Con 25 dianas, ya es junto a Eibar y Málaga el segundo equipo más goleado. Solo el colista, Las Palmas, ha encajado más goles.

Por tanto, es evidente que hay que cambiar algo. Es irrefutable que cada equipo debe tener un sistema determinado y saber a lo que juega. Quique Setien es un amante del buen trato de balón e impone notoriamente el juego de toque en todos sus equipos. Está bien que el Betis incluya estos conceptos, que son muchos más de los que ha mostrado en últimas temporadas, y eso ha dado sus frutos en más de una ocasión en esta campaña. Jugadas de más de 30 pases, interviniendo todo el equipo, que han acabado en gol y que en la ejecución recuerdan al mejor Barcelona de Pep Guardiola.

Pero claro, eso está muy bien siempre y cuando sea sin empecinarse con ello aun si los resultados no son los deseados y sin pasar por alto ciertas cosas. Un equipo no puede encajar seis goles en casa, por muy bien que esté el Valencia, ni tampoco un rival que llevaba seis goles en los once primeros partidos de liga puede hacerte cinco en ochenta minutos, por mucho que el Eibar jugase con uno más durante media hora. No es válido aferrarse a una idea de juego si por ello hay que recibir más de 70 goles por temporada, porque eso casi te obliga a hacer dos tantos en todos los partidos para ganarlos, y eso no siempre va a ser posible. Y tampoo lo es preferir perder caer siendo goleado intentando hacer una propuesta bonita de juego, que empatar con un juego menos vistoso.

Hay muchas otras formas de jugar al balompié y no por ello nadie es peor. Además, cada rival plantea un encuentro diferente y en cierto modo hay que adaptarse a su forma de juego para sacarle el máximo jugo. Y en la medida que un equipo sepa jugar de más distintas formas, mayores recursos tendrá y más fácil será alcanzar el éxito.

Quique Setién tiene tiempo de sobra para arreglar el entuerto en el que se ha metido. Pero para ello deberá de dejar de mostrarse férreo ante un único ideal de juego, pues por mucho que siempre haya sido intolerable ante esto aun tiene crédito para rectificar. Es un buen entrenador y tiene una plantilla con un nivel más que apto para estar, al menos, en la mitad alta de la tabla. Si a su elegante patrón futbolístico le añade otras variables, no habrá duda de que en Heliópolis se disfrutará de un gran año. Eso también pasa por realizar alguna sustitución pronto si un choque se ha puesto casi insalvable y por no esperar a la hora de encuentro. Así, deberá concienciarse que en esto del deporte rey todo se puede negociar, y que el estilo de juego no es una excepción en este sentido.

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