OPINIÓN| El pesimismo de siempre

Quique Setién salió anoche a sala de prensa tras la derrota ante la UD Las Palmas que deja muy tocada su confianza. El técnico santanderino volvió a echar balones fuera como viene haciendo desde las pasadas jornadas, pero eso no le quita parte de razón. En el Betis hay un mal endémico, instaurado como una barra más del escudo, que sale a la superficie cuando menos te los esperas y se carga proyectos, entrenadores y directores deportivos. Ese es el pesimismo. El derrotismo en el entorno del Real Betis es algo que nos ha acompañado durante toda la vida. En el Betis se han cambiado de entrenador, de director deportivo, se han hecho revoluciones en la plantilla y se ha cambiado de consejo, pero siempre se cometen los mismos errores y se cae en los mismos defectos una y otroa vez. Defectos históricos: el equipo resucitador, el currobetis, le ganamos al bueno y perdemos con el malo… Son cosas que siempre han estado ahí, lo que lleva a preguntarme: ¿Todos los años la culpa es del entrenador o director deportivo de turno?

En el Betis somos así. No podemos evitarlo. Pesimistas por naturaleza. No sabemos disfrutar de un partido a no ser que el resultado sea claramente a favor de los verdiblancos, y aunque es cierto que eso no ocurre mucho por estos lares de un tiempo a esta parte, sobre el Villamarín siempre ha rondado una nube negra que ha roto ha llover sin motivo alguno y ha acabado tirando por tierra cualquier proyecto. Este año, el Real Betis andaba (y aun anda) rondando los puestos europeos, con cierta estabilidad y aprovechando el efecto “Gol Sur”, pues la gente andaba ilusionada con el nuevo estadio, su nueva sonoridad gracias al nuevo graderío… Pero en el momento en el que se vio violada la imperturbable armonía del Benito Villamarín, las sonrisas se tornaron en ceños fruncidos, las alegrías en preocupación y las ilusiones en desesperanza. Después del 4-4 en Anoeta, ese 3-6 ante el Valencia se cargó muchas ilusiones generadas por el equipo hasta entonces. De repente y como si estuviera previsto, comenzó una campaña para desprestigiar el estilo de Setién que apenas unas semanas antes había logrado vencer al Real Madrid en el Bernabeu después de 20 años y goleado al Levante en casa. Se comenzaron a sacar números de goles encajados, una preocupación generalizada se posó sobre el estadio, los primeros run run sonaron en la grada y el equipo comenzó a sufrir el propio nervio que le llegaba desde la afición. Algunos ya por entonces nos dimos cuenta de aquello, y clamamos sobre como era posible que el mejor Betis de los últimos años estaba siendo llevado a tal intenso examen desde las primeras de cambio. Para un año que se podía disfrutar, nos centramos en poner la lupa demasiado pronto.

Si es verdad que las lesiones han lastrado. La baja de Feddal ha sido fundamental en estas semanas. El marroquí daba una jerarquía y estabilidad a la defensa claves y su ausencia ha coincidido con la baja de la confianza en los jugadores de creación. Su regreso a los terrenos de juego es una de las mejores noticias que han tenido en mucho tiempo. Ahora viene el Átletico de Madrid, una visita del dentista y el Betis con estos pelos… El Benito Villamarín mostrará su enfado como es razonable, pero si los béticos quieren que su equipo gane, estar pendiente del fallo, del error, de la lentitud en la salida de balón, del riesgo cometido, esa no es la solución a los problemas del equipo. Llenemos el estadio, usemos la presión que genera en el rival, dejémonos la garganta durante los 90′, démosles nuestra confianza e ilusióna a los jugadores y estoy seguro que perder, no perderemos.

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