OPINIÓN| El día de la marmota

La película ‘Atrapado en el tiempo’ (Harold Ramis, 1993) cuenta la historia del sarcástico y decadente meteorólogo Phil Connors (Bill Murray), enviado por una cadena de televisión a Punxstawnwey, Pensilvania, a cubrir el ‘día de la marmota’, día en el que los vecinos de esta localidad predicen cuánto durará el invierno observando si una marmota sale o no de su madriguera el día 2 de febrero de cada año. La peculiaridad de esta infravalorada obra es que su protagonista, por alguna razón, está condenado a vivir eternamente el mismo día una y otra vez de manera inevitable; ni siquiera el suicidio pone fin al bucle temporal en el que se encuentra Phil Connors. Todos ‘sus’ días se despierta en la misma habitación de hotel escuchando I got you, babe de Sonny & Cher en la radio, todo el mundo interactúa con él de la misma manera que el día anterior y sólo él es consciente de su propia maldición.marmota

El Betis está viviendo de nuevo su particular “temporada de la marmota”, y pocos pensaron el día que el equipo ganó por cuatro goles a cero al Levante en el Benito Villamarín apenas cuatro días después de asaltar el Santiago Bernabéu que, efectivamente, el club seguía inmerso en un ciclo de mediocridad que no parece tener fin. El fin de este círculo vicioso (y el nuevo comienzo del mismo) coincide con los finales de temporada. En los meses de mayo, junio y julio, tras la enésima decepción, se pide paciencia argumentando que el nuevo proyecto va a ser, de verdad, el Bueno y el Betis por fin podrá optar a cotas mayores para que lo deportivo pueda estar a la altura de una de las aficiones más numerosas y devotas del fútbol español. Las promesas preceden a la acción: nuevo director deportivo, nuevo entrenador y fichajes, algunos de ellos con presentaciones multitudinarias a pesar de las dudas que pueda presentar su rendimiento en el club.

Empieza la temporada y a medida que nos acercamos al ecuador de la temporada el bético de a pie ya ha visto cómo su equipo se ha despedido en primera o segunda ronda de la Copa del Rey y las sensaciones en la competición doméstica nos obligan a mirar la clasificación empezando por abajo. El entrenador de turno, preocupado él, no entiende los pitos de la grada y responsabiliza en una pequeña parte a las personas que muestran su enfado por ver que, una vez más, este año tampoco es el Bueno. La temporada termina como termina y aparece de nuevo la famosa paciencia.

La diferencia de la situación actual del club con este clásico de los 90 es que cambian muchas circunstancias y muchos protagonistas: jugadores, entrenadores y directores deportivos. Pero todas estas temporadas en las que los récords negativos se han ido sucediendo han tenido un denominador común: los señores que se sientan en el palco. Desde el año 2011, fundaciones y otras personalidades de apellido ilustre tienen una influencia desmesurada en el devenir de esta centenaria institución. Eso sí, resuelto el tema judicial, las excusas se van agotando y seguimos sin ver, más allá de Lorenzo Serra Ferrer, gente que de verdad pueda llevar a una anónima deportiva a la que debería ser su única meta: ganar, ganar y ganar. El veneno que tanto se echa de menos por el Benito Villamarín aparece poco y mal. De hecho el presidente ha demostrado tener más alma y amor propio criticando el supuesto intento de boicot al quórum de Hugo Galera que dando un golpe en la mesa tras ridículos como los de Leganés, Eibar o Cádiz, entre muchos otros.

Ah, pero Phil Connors pudo salir de este bucle temporal. Cuando hizo las cosas bien.

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