OPINIÓN | Un bético solo tiene un lado

Yo también soy bético desde chico. Y conforme he ido creciendo he ido adquiriendo una cierta postura de animadversión a todo aquel que quiera ponerle diques a su nombre. Nadie es nadie para decirle a alguien qué es el Betis, ni cómo debe sentirlo. Lo bonito del Real Betis es precisamente que es intangible, y por tanto, no se puede medir ni reprochar que alguien lo sienta más o menos.

Eso si, aunque todo esto suponga quizá un paso atrás en mi lucha de destruir cualquier beticómetro, lo cierto es que, querido amigo, si se alegra de algún tipo de triunfo del Sevilla, me temo que igual le gusta el Betis (¡a quién no!), pero no puede ser bético. No puede ser bético porque igual pasó por alto muchas cosas muchas cosas propias de una rivalidad que hace imposible poder empatizar con el contrario de esa manera. Una rivalidad histórica, que nació en el momento de la creación de una escisión de un grupo de chavales hace ya más de cien años. Una rivalidad que por mucho que quiera usted a esta bendita ciudad, no se puede concebir por más que lo explique.

¡Mucho ojo! No seré yo el que diga que usted tenga que sentirse mal al llegar a su casa por haberse alegrado y haber cantado los goles del Sevilla. Por favor, todos somos libres para hacer lo que queramos, hasta ahí podíamos llegar. Solamente, lo que ocurre es que eso, y considerarse bético, es no haberse enterado de nada. Sevilla es una ciudad mágica, capaz de todo. Es una ciudad dual y dentro de su propio orden cósmico, lo que usted plantea no cabe. Y no cabe porque el bético sólamente tiene un lado.

Hay quien puede ver aquí odio, quien puede buscar tres pies al gato. Incluso los hay que seguramente aquí lean “bilis” que les gusta llamarlo, pero es algo que me parece bastante evidente. En Sevilla, cada uno tiene un lado y solo un lado, y jamás, aunque pueda visitar al otro, podrá mimetizarse con el rival hasta tal punto de, incluso celebrar sus goles.

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