La humillante derrota en Butarque que lo cambió todo

8 de mayo de 2017. Adán, Rafa Navarro, Pezzella, Mandi, Tosca, Álex Martínez, Brasanac, Jonas Martin, Rubén Pardo, Álex Alegría y Rubén Castro. Con este once se plantaba en Butarque un Betis salvado del descenso a la categoría de Plata pero muy lejos de los objetivos propuestos al comienzo de aquella campaña. Luego, en la segunda parte, entrarían Cejudo y Joaquín en sustitución del carrilero zurdo y del francés, respectivamente.

Una semana antes, el domingo de Feria, los verdiblancos habían perpetrado un drama digno de las mejores actuaciones teatrales. Como muchos recordarán, el Betis cayó de forma estrepitosa ante los suplentes del Alavés, que asaltaron el Benito Villamarín con un contundente 1-4. Pero lejos de redimirse ante tal esperpento, no iba sino a rodar la segunda parte de aquella función frente al cuadro pepinero.

Muy pronto quedó manifiesta la falta de intensidad de los de Víctor Sánchez del Amo, que estaba viviendo sus últimas horas al mando de la nave heliopolitana. Y es que antes del cuarto de hora, el Leganés ya vencía por dos goles de ventaja, obras de Szymanowski, de penalti, y de El Zhar. Es cierto que se jugaban la vida y que miraban con lupa a un descenso que no terminaría nunca de producirse, pero eso no es ninguna excusa para que el Betis se mostrara tan vulnerable ante las acometidas de su rival.

El guión no cambiaría en el segundo período. Superado el ecuador del mismo, Gabriel Pires le robó la cartera a un dormido Rubén Pardo y firmaría uno de los goles de la temporada con un disparo desde 50 metros que sorprendió a Adán. Y posteriormente, para redondear la noche, Szymanowski ponía el 4-0 aprovechando la pasividad de la zaga verdiblanca.

Las reacciones no tardarían en llegar. A la destitución del técnico getafense se le sumaría el fichaje de Lorenzo Serra Ferrer como vicepresidente deportivo. El nombre del mallorquín había estado siempre asociado al éxito en el Betis (el ascenso milagroso del 94, el tercer puesto en Primera División un año después,  la final de Copa del 97 ante el Barcelona, la clasificación a la Champions League y el título de Copa del Rey en 2005…), pero ahora faltaba comprobar si también iba a alcanzarlo desde este nuevo cargo.

Su contratación acelera la marcha de Miguel Torrecilla, que sea como fuere decide terminar su vinculación con el Betis apenas tres semanas después, lo que le deja a Serra Ferrer toda la responsabilidad en la toma de decisiones en la parcela deportiva. Entre tanto, se ha firmado para tres temporadas a Quique Setién, avalado por su fútbol de toque, para que dirija desde el banquillo el nuevo proyecto.

El mercado de verano vuelve a ser, como viene siendo una costumbre, muy movido y de nuevo se pone en marcha una revolución en el apartado de llegadas y de salidas. Sergio León, Camarasa, Tello, Barragán, Jordi Amat, Guardado, Feddal, Boudebouz, Javi García y Campbell son las nuevas caras. De la misma forma, otros muchos jugadores abandonan el club, destacando Dani Ceballos por encima de todos. Luego, ya en invierno, llega Marc Bartra.

El resto es de sobra conocido por todos. Tan solo un año y nueve días después, el Betis ha protagonizado la mejor temporada de la última década y le han bastado tres jornadas para clasificarse matemáticamente para la Europa League. Pocos, probablemente, habrían aventurado un futuro próximo tan halagüeño, pero la realidad es la que es y a día de hoy todos los males del pasado parecen haber quedado enterrados de forma definitiva. Incluso, el Betis ha llegado a la última jornada con la posibilidad de acabar la temporada en quinta posición, para lo que tendría que conseguir en Butarque un resultado mejor del que obtenga el Villarreal en casa contra el Real Madrid.

Muchos cambios desde aquella tarde en Leganés y todos ellos han traído consecuencias positivas. Quique Setién ha sabido impregnar su sello al equipo, los jugadores han estado a la altura y han incrementado el nivel de la plantilla, la cantera ha dado sus frutos y la toma de decisiones desde la planta noble (desde Serra Ferrer hasta Haro y Catalán) ha sido en su mayoría correcta. Echando la vista atrás, nunca se sabrá lo que influyó aquella grotesca derrota en el devenir de los acontecimientos posteriores, pero sí que tuvo gran parte de la culpa para que éstos se desencadenaran.

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