OPINIÓN| 13 años del principio del fin

En un día como hoy, exactamente hoy, hay dos tipos de béticos: Los que no se han dado cuenta hasta bien empezado el día, que para colmo es lunes; y los que anoche, en cuanto el reloj de su teléfono movil marcó las 0:00 y la fecha del calendario subió un dígito más, se les puso la piel de gallina al ver ese 11/06. Y es que esa fecha quedará marcada por siempre en el recuerdo de todos los béticos, fueran conscientes o no, tengan lagunas o no habían nacido, pues los que si se encargarán de contar mil y una batallas y de narrarle cien veces el gol de Dani.

Todavía con el sabor en la boca de aquel gol de falta de Marcos Assunçao en Mallorca que certificaba la clasificación Champions para el Real Betis, miles y miles de béticos, con entrada y sin ella, colándose en el Vicente Calderón o acampando en las inmediaciones con la radio puesta se desvivieron por acompañar a su equipo a una final de Copa, pues seguía doliendo la del 97 donde un tal Luis Figo aurrinó el premio a uno de los mejores Betis de la Historia. En aquella ocasión, precisamente la Historia le iba a tender la mano a los verdiblancos y devolverle lo que le había quitado casi una década antes. Aquel Betis, campeón de Copa, con una plantilla revalorizada y clasificado para Champions tenía mimbres para asentarse en Europa y no tener que revivir viejos fantasmas del pasado, de penurias deportivas, pero como sabemos no fue así. Aquel fue el principio del fin.

Y ese fin tiene un nombre propio y un culpable. Manuel Ruíz de Lopera. Así de claro. Lopera, para quienes no recuerden sus años de mandato, se durmió en los laureles del éxito, el primero desde el famoso 92, y se pensó que aquello estaba hecho, que habían ganado la Copa del Rey en el año del Centenario del Sevilla y que la Gloria tenía colores verdiblancos. Pero era todo un vano sueño. Aquel Betis sin horizontes ni límites cayó en la trampa de la Champions League, que pese a terminarla de manera más que honrosa, significó una victoria pírrica por culpa de la horrorosa planificación deportiva con la llegada de jugadores como Rivera, Miguel Ángel, Nano, Diego Tardelli, Robert. Aquel Bétis naufragó por culpa de la relajación de su capitán y el sueño de hacer un Betis grande quedó en nada. Aquel Betis tocó su techo y hasta día de hoy no ha podido volver a alcanzarlo. El resto de la historia, los descalabros, el descenso, los títulos del rival, el control judicial, lo conocemos todos.

Aunque parece que vuelve a despertar. El pasado recordado, para no volver a caer en los mismos errores, una afición que está atenta y reacciona a la mínima para que nadie se relaje y un órgano de gobierno serio, con ansias de mejora, de cambiar los designios de un club acostumbrado a los sinsabores. Serra, Kappa y el Numancia que puede volver a subir, pues la última vez que estuvo en Primera fue cuando ocurrió aquello de lo que hoy celebramos 13 años. Es hora de que se repita.

 

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