OPINIÓN| Hasta siempre, capitán

Dicta la tradición popular que un capitán nunca abandona el barco cuando este se esta hundiendo. Un claro ejemplo es el del capitán del Titanic Edward Smith, quien fue visto cerca del puente de mando a medida que la imperiosa nave descendía hasta las profundidades del océano. De eso trata ser un capitán, ser el guía de los tuyos cuando las tinieblas acechan, permanecer siempre al frente de la nave, sin titubeos, con valentía y pundonor, cuando nadie quiere estarlo; dar la cara por tus compañeros y alzar la voz contra los disidentes que intentan menospreciar aquello defiendes. Todo eso es ser un capitán, y si hay alguien que en los últimos tiempos en el Real Betis haya defendido estos valores por encima de todo es, sin duda alguna, Antonio Adán.

El guardameta madrileño llegó procedente del Cagliari hace unas cuatro temporadas en pleno mercado invernal. Una de las épocas más oscuras que ha vivido el Real Betis Balompié en su historia más reciente. A pesar de su llegada, el descalabro era inevitable, un imposible. El Betis dio con los huesos en el infierno de la Segunda División. Muchos se fueron, muchos huyeron de la ‘quema’ como si no hubiesen sido responsables de aquel desastre. Pero uno de aquellos responsables, se mantuvo al frente del barco y nunca abandonó. Antonio Adán desoyó aquellos cantos de sirenas que le llegaban de equipos de primer nivel y apostó por seguir en el club que le había devuelto la ilusión por ser futbolista.

fotonoticia_20180404162249_640Su personalidad, profesionalidad, constancia y trabajo lo llevaron en poco tiempo a convertirse en uno de los líderes del nuevo Betis. Ni una mala palabra ha salido de su boca durante todo estos años, todo un caballero. Adán ha sido y es uno de los mejores porteros que ha tenido el Betis en su historia reciente y él que no quiera verlo que se quite la venda de los ojos. No hay más. Los datos y sus actuaciones están ahí. Gracias a él y Rubén Castro, aunque alguno le duela, el Betis está a día de hoy en Primera División y luchando por volver a ser lo que fue. Que el odio que ciega algunos, no empañe nunca la enorme labor desempeñada por Adán durante estos años, porque sin él a saber dónde estaría el Betis hoy en día. Un jugador que siempre ha dado la cara por las trece barras, que nunca ha puesto un pero de más, se merece el mayor de los respetos. Un respeto que se ha ganado en el campo a base de esfuerzo, dedicación, talante y paradas milagrosas.

Hoy se marcha por la puerta de atrás, repudiado por algunos que algún tiempo atrás celebraban y ensalzaban sus paradas. En el fútbol la memoria es muy corta, y los hechos se olvidan con demasiada facilidad. Con todo esto, no digo que haya que poner una estatua a Antonio Adán en la explanada del Benito Villamarín, ni mucho menos, pero sí, hay que reconocer el trabajo y el empeño que ha puesto durante todos estos años en los que ha defendido como el que más la camiseta del Real Betis Balompié.

Llegó como un desconocido, un hazmerreir de la prensa madrileña. Hoy se marcha con la cabeza muy alta, con la sensación del trabajo bien hecho. Se marcha un ídolo, un grandísimo portero, un grandísimo profesional, pero sobre todo, se marcha un capitán, porque cuando nadie quería permanecer en el barco, él se mantuvo firme en el puesto de mando hasta dejarlo en el lugar que nunca debió de abandonar, Europa.

Gracias y hasta siempre, mi capitán.

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