OPINIÓN | Hoy no es un día cualquiera

Hoy no es un día cualquiera. No son 90 minutos, ni 22 tíos persiguiendo un trozo esférico de cuero, buscando colarlo entre tres trozos grandes de madera.

Hoy es el día de los nervios desde que te levantas (o incluso antes de acostarte), de la sensación de que cada minuto que pasa lo hace más lento, de mirar en tus cajones en busca de la elástica que más buena suerte trae, de reencontrarte con esos amigos que da el fútbol.

De las tertulias previas, de la ilusión, de las planificaciones deportivas en diez minutos, del temor por lo que pueda pasar en algunas jornadas.

De las risas, de empezar a encallar la garganta dándole alegría a nuestros corazones en la calle Tajo. De mirar el reloj de reojo, esperando que llegue la hora en la que al fin te postras a los pies del palacio de los sueños béticos. De ponerte en la cola, de ver cómo avanza, cómo va llegando el momento. De subir las escaleras, sintiendo como poco a poco el aroma a fútbol va calando más y más. De que las luces y el verde se abra paso, y entonces se escuche en nuestro interior ese “cómo te echaba de menos”. De llegar a tu sitio y otear el horizonte, de saludar a tus amigos y compañeros de sitio, de esperar ese momento que no llega, pero llega, como todo en la vida. De ver cómo salen a calentar, con su tertulia sobre quién habríamos sacado nosotros. De la ovación, van para adentro, se acerca el momento. De los primeros acordes del himno y la carne de gallina, de empezar a cantar. De hacer fuerza para no llorar pensando en quién hoy no puede cantar el himno en la tierra pero seguro lo está haciendo en el cuarto anillo. De los momentos previos, del pitido inicial, del primer gol, del primer grito, del primer abrazo…

Hoy no es un día cualquiera, hoy vuelve el Real Betis Balompié.

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