ANÁLISIS | El Betis en el primer cuarto de competición

LaLiga se toma una semana de vacaciones como consecuencia de los compromisos de selecciones nacionales. De esta forma, volverá con más fuerza el tercer fin de semana del mes de octubre, en el que se disputará la novena jornada. En ella, el Betis se medirá a un Valladolid que está cuajando un sensacional inicio de curso. Cuatro días después pondrá rumbo a San Siro para enfrentarse al AC Milan en el que será el tercer choque de la fase de grupos de la Europa League.

Superado prácticamente el primer cuarto de la temporada, muchas son las conclusiones que, sea demasiado pronto o no, pueden extraerse del comienzo de campaña de los hombres de Quique Setién. Algunas positivas y otras no tanto, pero que en cierto modo marcarán el devenir de los verdiblancos en los próximos partidos.

En primer lugar, cabe destacar los índices de posesión que han mantenido en los diez partidos oficiales disputados hasta la fecha, cuyo máximo exponente fue el de hace dos semanas ante el Leganés. Contra los pepineros, el Betis tuvo en balón en sus botas durante un 82’51% de la contienda. Esta cifra es tan elevada que no hay ningún precedente en la competición doméstica desde que se tienen estos datos. Dicho de otra forma, el cuadro heliopolitano se ha erigido como el equipo con más posesión en un partido de Primera División, superando el 82’22% que alcanzó el Barcelona de Guardiola en un enfrentamiento contra el Levante en la temporada 2010/2011.

En los nueve encuentros restantes también ha sido el dueño del balón, con una posesión al menos superior al 60% en todos los casos y en algunos cercana al 80%. “La posesión es un medio para conseguir un fin”, así lo dijo Setién en la rueda de prensa previa al partido contra el Dudelange y bajo esta premisa va a seguir jugando el Betis mientras el técnico cántabro se siente en el banquillo del Benito Villamarín.

Por otra parte, es importante hacer alusión a la solidez defensiva que han conseguido los verdiblancos en la presente temporada, algo impensable hace no tanto. Y es que si el año pasado por estas fechas, o incluso en enero de este año, alguien nos llega a decir que el Betis sería el segundo mejor equipo en defensa de LaLiga muy pocos le habrían creído. Con una línea defensiva compuesta por tres centrales a un nivel estratósferico y con dos buenos porteros que están ahí para lo que se les necesita, el cuadro de Heliópolis tan solo ha recibido seis goles en lo que va de campeonato liguero, los mismos que el Valladolid y dos menos que el Atlético. Atrás queda esa fragilidad en la zaga del comienzo de la pasada campaña (11 goles más en contra a estas alturas de la competición).

De la misma forma, prácticamente toda la plantilla está enchufada. Las rotaciones que acostumbra a realizar Quique Setién ha traído consigo que la mayoría de los jugadores se desenvuelvan óptimamente sobre el verde y que casi ninguno desentone cuando salta al campo. La unión en el vestuario es total y eso también da muchos puntos. Casi todos los futbolistas aportan, tanto saliendo de inicio como desde el banquillo en sustitución de sus compañeros y da la sensación que da igual quien juegue, porque cualquiera lo hace bien y no hace notar la ausencia del futbolista que no se encuentre sobre el verde.

Por Joaquín parece que no pasan los años y sigue pareciéndose más a aquel veinteañero que levantó la Copa del Rey que a un veterano de 37 años que piensa más en retirarse que en otra cosa. Además, el centro del campo, ahora sí, no el de hace dos años, es uno de los mejores de España sin ningún tipo de discusión. La calidad de Lo Celso y de Canales está fuera de dudas y da la sensación de que ninguno de los dos ha tocado techo y de que lo mejor está por llegar.

Pero como en todo, siempre hay cosas que se pueden mejorar. El Betis ha hecho muchas cosas bien en estos diez partidos, pero también hay otros aspectos que debe cambiar con el fin de potenciar al máximo sus virtudes y erradicar en la medida de lo posible sus defectos.

En este arranque de competición, probablemente hay un tema que, por encima de cualquier otro, está trayendo más de un quebradero de cabeza a Setién. Es el caso de la dificultad para hacer gol. No es una cuestión de no generar ocasiones, porque el Betis las crea y es uno de los conjuntos que más destacan en estos términos, sino de que la ‘pelotita’, por más que se intenta, no quiere entrar. Hasta la fecha, en Liga, los verdiblancos solo han visto puerta en cinco ocasiones, cifra que le sitúa como el menos goleador de Primera División. Los números no mienten y es evidente que el Betis debe corregir cuanto antes esta falta de acierto de cara a puerta, pues de hacerlo tendríamos ante nuestros ojos a un equipo completísimo, efectivo en ataque y seguro en defensa.

En cualquier caso, este déficit goleador no es tan negativo si se tiene en cuenta que la temporada pasada, con 12 goles más en estos momentos, el Betis marchaba una posición por debajo de la que actualmente ocupa, la octava.

Por último, otro asunto que merece cierto detenimiento es el que gira en torno a la falta de rapidez y de verticalidad en la toma de algunas decisiones. Es evidente que el Betis ha encontrado un patrón de juego bien claro y definido, algo de lo que se encontraba huérfano desde hacía muchos años, pero éste debe ser complementado con otros recursos y no ser llevado hasta la extenuación. Durante la segunda mitad de la pasada temporada, los de Quique Setién mantuvieron su estilo de juego y no por ello renunciaron en ocasiones a jugar al contragolpe o a finalizar una jugada en pocos toques cuando así fue necesario.

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