OPINIÓN | ¿Autodestrucción?

El día de ayer fue uno de los más sombríos que se recuerdan en la historia reciente del Betis. Sin duda alguna el ambiente hostil que se vivió en la grada fue insostenible y muchos de los jugadores no supieron, junto con el planteamiento de Bordalás, aguantar la presión de las 47.000 personas que se citaron ayer en el estadio y finalmente el objetivo de la Champions queda a 6 puntos mas golaverage. Ahora bien, igual se está siendo injusto al hablar de que el público ha activado el modo autodestrucción. Y no porque no puedan llegar a tener razón, sino porque centrar el análisis de lo que se vio ayer única y exclusivamente en la gente es faltar a la verdad y tratar de dirigir las miradas hacia otro sitio. Han sido muchos los bochornos que el Betis ha tenido este año, y en él, en pocos ha tenido que ver el ambiente hostil que se haya podido crear en el Villamarín.

Para mi, la autodestrucción es cuando desde dentro, explotas y acabas tú mal seguramente sin quererlo. Autodestrucción es caer en UEL ante el Rennes por repetir en el partido de vuelta prácticamente el mismo planteamiento que te hizo empatar en el 90 y de milagro. Autodestrucción es que ayer el Getafe de Bordalás te borrase del mapa en media hora haciéndote lo mismo que te hizo en la ida. Anulando con un marcaje de hasta 3 hombres a Lo Celso y jugando balón parado. Autodestrucción es caer en unas semifinales de Copa por no renunciar a ese “estilo” y cerrar el partido en tu campo con 2-0. Autodestrucción es ceder a tu único delantero en forma por aquel entonces y no traer otro. Autodestrucción es empezar la temporada con un solo lateral izquierdo puro y no traer otro en el mercado invernal.

Sin duda alguna, el ambiente de ayer no ayudó, pero de ahí a responsabilizar a la grada hay un trecho. Una grada que por primera vez en su historia tiene lista de espera, que no solo agotó las entradas a 85€ (subvencionadas, claro está) en Mestalla sino que no dudó ni un segundo en pagar lo que hiciese falta en cualquier parte del campo para no dejar al equipo solo incluso después del mazazo de la ida. Una grada en la que no hay menos de 45.000 personas todos los días. Una grada que revienta simples entrenamientos a puerta abierta.

La unión no es un cheque en blanco y los que se quejan de los que son propensos a pitar tienen muy poco en cuenta que la grada necesita casi nada para meterse en los partidos. Muchos hablan de que los jugadores estaban tocados y necesitaban el apoyo del público y así fue. Se recibió a los jugadores en el calentamiento como si hubiesen pasado a la final y se cantó el himno igual que siempre. Son los profesionales los que, en estos casos, tienen que tirar del carro porque si ellos están decepcionados y tocados, que están aquí de paso, ¿cómo estamos los que llevamos aquí al pie del cañón toda la vida y por fin nos veíamos cerca de algo histórico?. Lo normal era que, después de la muestra de apoyo en el calentamiento y el himno, el equipo metiese al público en el partido, que saliese a morder. Y así parecía ser con la ocasión de Loren a centro de Guardado. El campo rugió y aplaudió. Lo que ocurre es que a partir de ahí el Betis murió y con el equipo la grada. Pero alterar el orden es, primero, mentir, y segundo tratar de tirar una bomba de humo con la que tapar a los verdaderos responsables de lo de ayer.

No me cabe ninguna duda que la grada va a estar a muerte con el equipo en el momento que este enseñe lo más mínimo, pero repito, es el equipo el que tiene que enchufar a la grada. Son los profesionales los que tienen que enchufar al público y me juego las dos manos a que entonces el Villamarín volverá a ser una caldera. Pero, dejen en paz a la gente. Y con esto no digo que seamos santos, digo que la lectura virada a responsabilizar a la gente es de tiempos ajenos. Ayer, precisamente lo leí por Twitter y con esto me despido. Era algo parecido a “entre Setién y Mel hay muchísimas diferencias y a la vista está, pero el Setienismo y el Melismo son iguales”.

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