OPINIÓN| Entre pitos y aplausos

La afición está dividida. Eso ya es irrefutable. Todo entra a debate, todo es cuestionado, cualquier cosa molesta a unos y encanta a otros. Y la discusión de ayer fue Leo Messi.” Catetos”, era la palabra más repetida anoche por los que no entendían como gran parte del Villamarín aplaudió a Messi cuando marcó su tercer gol de la noche, una auténtica obra maestra. Y es que es completamente entendible que, para el aficionado al fútbol que es capaz de tener algo más de mente que para su fanatismo, lo lógico sea levantarse y aplaudir tal gol. La reacción es inevitable. Aclaración: anoche en el Villamarín había un gran número de aficionados visitantes, no solo en la zona habilitada, si no por todo el campo, aficionados que no se marcharon tras el 0-3 de Suarez y que conformaron entonces un amplio porcentaje del aforo que quedaba en el Villamarín. Ellos fueron los que en su mayoría corearon al argentino, aunque algún que otro bético le siguiera.

Y esa es otra. Pedir al equipo compromiso, entrega y lucha durante los 90′ para luego marcharse en el 60 es, cuento menos, contradictorio. Pero ese no es el tema. La cuestión es que a gran parte del beticismo le escoció el hecho de que muchos béticos se levantaran a aplaudir un gol de Messi. Que dicho así suena feo, pero hay que entender el contexto de un partido finiquitado, la derrota asimilada, la exhibición del argentino durante todo el partido y encima la majestuosidad del gol. Así es más entendible. Lo que no lo es es que muchos protestaran y protestan por tal reacción, pero no ven nada raro en que se pite una y otra vez cada uno de los intentos de tus propios jugadores en empezar una jugada desde el portero, que se pite también a jugadores cuando son sustituidos provocando incluso que hayan pedido una salida del club cuando lo que menos necesitábamos era perder efectivos en ataque, o que a la primera llegada del equipo rival a tu portería se clame al cielo, se pida la guillotina para todo el mundo y se monte en cólera sin entender que en un partido de fútbol ningún equipo tiene asegurado ganar aunque todos queramos que el nuestro gane. Hay que dejar de mirarse el ombligo para unas cosas y hacerlo para otras. Pensar que un equipo de fútbol, el Betis en este caso, es una religión, un reino o una patria por la que pelear en guerra, que no existe nada más allá de eso y que la vida solo tiene sentido si estamos a su lado, como poesía está genial, pero igual que Setién, Serra y Haro deben sentarse a final de temporada y analizar la situación, cada bético también debería hacer objeto de conciencia y darse cuenta de lo que hace o no. Porque tirar piedras contra tu propio tejado si que es de catetos.

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