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Un verano que no ayuda a renovar ilusiones

La pretemporada del Real Betis ha sido para olvidar: cuatro victorias y cuatro derrotas sumando la cosechada en los penaltis ante el Oporto, pero lo peor sin duda son las famosas sensaciones, aquellas que no invitan a augurar un buen inicio de temporada con el primer partido liguero a la vuelta de la esquina.

La llegada de Rubi al cuadro verdiblanco significó el fin de un estilo, el de Quique Setién. El cántabro dotó al equipo durante dos temporadas de un sistema, una idea y un estilo que se han perdido esta pretemporada. El evolución en el estilo con la llegada de Rubi no se ha visto de momento. El equipo es más defensivo, tiene menos la pelota y apuesta más por la verticalidad. Se ha ido compactando cuando tiene la pelota en campo rival, creando peligro por bandas gracias a las figuras de Pedraza y Emerson, pero sin la figura de un delantero clave es complicado.

El problema sigue siendo la defensa. El Betis es un equipo endeble cuando pierde la posesión y tiene que replegar, o simplemente cuando tiene que afanarse y encerrarse en su campo según el momento del partido. Las ideas todavía brillan por su ausencia y el Betis de Rubi sigue sin verse sobre el papel a falta de una semana para La Liga, un problema que ya empieza a poner nervioso al beticismo, que ha visto como un nuevo año para renovar ilusiones después de la fracasada pasada temporada empieza torcido.

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