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Si esto no es un equipo muerto se le parece (1-0)

Muchas veces se cae en el repetido error de pensar que el deporte, el fútbol en este caso, es cuestión de táctica o de calidad. Pero la realidad es que un amplio porcentaje de culpa de un resultado deportivo depende del apartado psicológico. De las ganas, de la intensidad, de la confianza… Todos conocemos jugadores de dudosa calidad que han destacado por encima de otros; y también de jugadores de calidad excelsa y que no la han sabido o querido aprovechar. En esa tesitura anda el Betis.

El Betis es un equipo que no cree en sí mismo. Y así es imposible. No tiene confianza en su juego, no tiene un plan anímico cuando el teórico no sale, no tiene esa chispa necesaria y que sí tenía antes. Ese punto de suerte que tiene el que la busca. En ese mar de dudas están jugadores como Fekir, Loren, Canales, Borja Iglesias… Jugadores de una calidad por todos conocida, pero que están totalmente fuera del necesario estado anímico y de confianza que se necesita. El Betis es un equipo muerto, sin alma. No genera peligro porque no sabe como hacerlo; no defiende porque el propio miedo al gol en contra le nubla las ideas; no corre porque esa apatía contagiosa es mucho más confortable que ser el único que anda en un mundo de cojos. El Betis el año pasado tenía esa confianza. Creía en sí mismo y en su entrenador, sabía que el plan establecido daría sus frutos, quizás no por táctica o estilo, si no por el simple hecho de desear lo que se quiere y buscarlo. Tendría mejores o peores resultados, pero ese Betis que ahora hemos perdido era capaz. Capaz. Algo que este Betis no es.

Y eso que no hoy no ha merecido perder. La hora de la merienda le pilló a la defensa con la torrija correspondiente cuando en el minuto siete el Athletic aprovecha una jugada de estrategia y la parsimonia defensiva para delantarse en un gol que hasta la mala suerte apareció para los verdiblancos cuando el balón rebota en Bartra para descolocar a Joel Robles. Desde entonces, un partido malo como una castaña. Y eso que los de Rubi pudieron empatar en la primera mitad cuando Fekir se queda solo en el mano a mano después de cuerpear pero se duerme y Capa evita el gol cantado. El Betis no mereció perder, quizás tampoco empatar porque en el tramo final del partido gozó de ocasiones suficientes para haber obrado la remontada como hizo ante el Granada. Pero todo empieza por empatar, pero el Betis no fue eso. Capaz. Canales no fue capaz de aprovechar el penalti sobre Fekir y la mandó a las nubes, allí donde todos los jugadores tuvieron la mente durante el partido. En las nubes de Bilbao en este caso.

El Athletic jugó andando casi toda la segunda parte, pagando el esfuerzo de la primera mitad y el gozar de menos horas de descanso con respecto al anterior partido. Pero el Betis e stan inocuo que no fue capaz de aprovecharlo. Borja Iglesias perdonó otro mano a mano, Guido remató el bote de una falta rozando el palo y Unai Simón sacó la manopla en una falta magistral de Fekir que ya se colaba. No mereció el Betis perder, pero perdió.

Tres partidos, un punto. Los de Rubi no se alejan lo suficiente del descenso y siguen alimentando fantasmas pasados. Urge un cambio en el banquillo, ya no solo para cambiar un estilo o idea que no da resultado, si no para insuflar aire nuevo y confianza a una plantilla que tiene calidad, pero no confía en sus posibilidades. Si Merino es ese hombre, alabado sea.

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