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Futbolistas gamers

Borja Iglesias lamentándose en una jugada
Borja Iglesias lamentándose en una jugada

Los niños de hoy en día no quieren ser futbolistas. Es un hecho. Los pibes de la generación Z, salvo excepciones, no tienen posters en su cuarto de Messi o Haaland, como teníamos nosotros de Ronaldinho o Alfonso, no miran vídeos de Mbappé, como nosotros veíamos de Ronaldo, ni coleccionan cromos de Joao Felix o Hazard, como nosotros coleccionábamos de Valerón o Raúl. Los ídolos infantiles/juveniles de nuestros días se llaman Ibai, AuronPlay, DjMariio y Lolito.

Por ello los futbolistas, atentos a las nuevas corrientes de fanatismo que generan entre los más jóvenes entusiasmo, admiración y, por consiguiente, billetes, cada vez se mueven más en estas lides. Jugadores de primer nivel como el Kun Agüero o Neymar ya son “streamers” e “influencers” en toda regla y se codean con los grandes del sector.

Siempre he respetado la atracción por los focos de Joaquín. Creo, a diferencia de lo que piensan muchos béticos, que las stories del capitán sobre La isla de las tentaciones, sus apariciones en El Hormiguero y sus vídeos bailando por Jennifer López no están de más siempre y cuando, a la hora de darle patadas a un balón, se deje el alma por la camiseta que viste y el brazalete que porta. Lo primero es lo primero. Habrá quien no lo vea así, pero, a mi parecer, no debería haber dudas sobre la implicación y el compromiso de Joaquín como futbolista, capitán y estandarte del Real Betis Balompié. Si el domingo se harta de correr y el equipo gana, que el lunes baile y cante lo que quiera.

El problema viene cuando esta nueva afición no va en consonancia con el rendimiento del futbolista sobre el césped. No quiero desde aquí censurar los hobbies de nadie –“que cada uno en su casa haga lo que quiera”- pero quizás no sea ahora el mejor momento para abrirse un canal de Twitch jugando a la Play cuando a tu club le ha costado tu fichaje casi treinta millones y llevas tres goles en más de cuarenta partidos. De hecho, el haber censurado las respuestas al tuit de presentación del canal ya hace pensar que el protagonista sabe que quizás la iniciativa no sea del todo coherente con el contexto deportivo en el que se maneja. Evidentemente, las descalificaciones y ataques personales sobran pero el toque de atención hacia alguien del que se habla más por jugar a la consola y sus apariciones en documentales sí es necesario.

Una cosa es tener vida social fuera del terreno de juego, ambiciones y objetivos independientemente del fútbol, y otra hacer de todo menos meter goles y amortizar el pastizal de su contratación. El futbolista del siglo XXI necesita serlo y parecerlo. Y alguno parece empeñado en ni parecerlo ni de lejos serlo. 

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